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Parque Nacional Torres del Paine,
Gigantes de Roca y Hielo
Por Enrique Fernández y Daniel MonteroPublicado en
Visión Salvaje,
nº3Situado en el extremo sur de Chile en plena Patagonia chilena, el Parque Nacional Torres del Paine puede presumir hoy en día de ser uno de los pocos destinos naturales que aun permanecen vírgenes y ajenos a la masificación turística. Lagos turquesas, catedrales de granito, glaciares de azules iridiscentes conforman uno de los parajes más espectaculares y bellos del mundo, un entorno que hará las delicias de cualquier fotógrafo de naturaleza y que difícilmente se podrá olvidar.
Entre los principales atractivos naturales y paisajísticos destacan la cordillera del Paine, formada por un impresionante conjunto de montañas gobernadas por empinadas torres de granito, por los fotogénicos Cuernos y el imponente Paine Grande; los glaciares y témpanos provenientes del Campo de Hielo Sur Patagónico, como el Glaciar Grey, y el espectacular río Paine, que desciende a través de las cascadas Salto Grande y Salto Chico y atraviesa los lagos glaciares de Nordenskjöld y Pehoé.
Su ubicación al sur de la cordillera andina le hace merecedor de uno de los climas más variables del planeta, hasta tal punto que en un mismo día pueden sucederse las cuatro estaciones del año. Las fuertes rachas de viento son una constante que puede complicar seriamente la labor del fotógrafo sobre todo en la época estival y en menor medida durante el invierno. Los meses de diciembre a abril son los más recomendables para visitar el parque.
Aunque pueda parecer lo contrario, es precisamente esta variabilidad en las condiciones climáticas la que permitirá al fotógrafo, si la suerte no le es totalmente adversa, obtener imágenes de gran dramatismo, picos envueltos en nubes que cambian de forma a gran velocidad, rayos de sol al atardecer abriéndose paso entre jirones de nubes tormentosas, creando patrones de luz distintos a cada segundo.
Las oportunidades de fotografiar la vida animal tampoco serán escasas. Los guanacos y zorros grises se encuentran entre las especies de mamíferos más comunes y que aún no conocen el miedo al hombre, por lo que será relativamente fácil fotografiarlos, bien en primeros planos o bien en ambientes, recortando su silueta sobre el cielo o sobre los macizos. Es seguro encontrar grupos de guanacos al lado de las pistas de tierra, ya que ahí se encuentran mucho mas protegidos de los ataques del puma. Este gran predador, aunque también presente en el parque, exigirá por parte del fotógrafo mucho tiempo de dedicación ya que es muy difícil de localizar. Entre las aves podrán fotografiarse con relativa facilidad los ñandúes, que se localizan muy fácilmente en las grandes llanuras previas al parque nacional, así como caranchos, cines de cuello negro, varias anátidas o pájaros carpinteros. El condor, vigilante, dueño y señor de las alturas, se podrá encontrar siempre a varios cientos de metros volando en círculos. Conseguir un plano cercano de esta imponente ave es casi tarea imposible.
El mundo de la flora tampoco pasará ajeno al fotógrafo de naturaleza, con multitud de plantas y flores endémicas como el notro y orquídeas porcelana, arbustos como la mata guanaco, el calafate o la mata barrosa y boques de lengas y coihues.
Una de las más bellas estampas sin la que el visitante no puede volverse a casa, es sin duda contemplar, y por supuesto fotografiar, los Cuernos del Paine sobre el lago Pehoé al amanecer o atardecer.
Este grupo de picos se encuentra entre las montañas más singulares y bellas del mundo y la causa de ello sea quizás su extraña morfología de roca sedimentaria sobre granito, que da lugar a esa dualidad de tonalidades tan característica. Aunque su contemplación a cualquier hora del día es un espectáculo en sí mismo, es precisamente en los albores del día cuando muestra su cara más seductora.
Los grandes angulares serán de uso obligado para captar esta grandeza hasta tal punto que puede ser necesario trabajar con diferentes tomas para componer imágenes panorámicas. Un lugar que se presta muy bien a ello es el Mirador de los Cuernos junto al lago Nordenskjöld.
También podrá sacarse un gran partido a los teleobjetivos para jugar con los detalles que la luz crea sobre las enigmáticas formas de los Cuernos en especial cuando la luz del sol incide horizontalmente sobre ellos. Las tonalidades cambiantes abren una gran posibilidad de obtener fotografías con luces particularmente espectaculares.
El uso del polarizador permitirá acentuar si cabe más aun el azul del cielo andino, y un filtro degradado neutro asegurará una correcta exposición del dramatismo que añaden las casi constantes nubes que envuelven a estas montañas al incorporar elementos en primer plano. Ambos filtros serán por descontado los que más se vayan a utilizar durante la estancia en el parque. No en raras ocasiones sucederá que el rango dinámico de una escena supera los cinco pasos. Si se utiliza equipo digital podrá resolverse la situación exponiendo diferentes tomas para luego combinarlas digitalmente simulando un filtro degradado neutro.
Otro icono emblemático del parque es el grupo de tres agujas de paredes lisas y verticales de granito que dan nombre al parque. La excursión por excelencia hasta la base de las Torres del Paine requerirá una caminata de una jornada entera ida y vuelta. El último tramo es quizás el más duro, superando un desnivel de más de 600 metros entre las grandes rocas de granito que forman la morrena del glaciar. Captar el conjunto de las tres torres de piedra junto al lechoso lago verde a sus pies requerirá el uso de un gran angular. No sería nada raro contemplar estas moles totalmente envueltas en nubes, aunque aun así el espectáculo está garantizado. Por su orientación al sureste se prestan a ser fotografiadas únicamente al amanecer, así que es recomendable hacer noche en el campamento Torres.
A los pies de los cuernos del Paine, entre el lago Nordenskjöld y el lago Pehoé, el río Paine salva un gran desnivel dando lugar al vistoso Salto Grande. Las tomas más típicas de esta cascada color turquesa se suelen hacer desde el mirador que hay junto al salto pero una composición más panorámica y menos usual puede obtenerse si antes de tomar la curva hacia el mirador se abandona el camino y se remonta a mano izquierda un pequeño cerro.
Otro punto de obligada visita es la playa del lago Grey. Como buques encallados en la orilla, los témpanos desprendidos del glaciar Grey se amontonan para dar lugar a un magnífico espectáculo. Un día nublado hará que los azules, debidos a la gran concentración de oxigeno y bajas temperaturas, destaquen aun más. Fotografiar estas grandes masas de agua helada no es sencillo pues el excesivo contraste tiende a engañar al fotómetro de la cámara quemando las partes más claras en la mayoría de las ocasiones. Lo más adecuado suele ser medir puntualmente sobre las zonas más brillantes y sobreexponer como mucho un paso, logrando de esta manera que las zonas más oscuras aparezcan de un azul añil intenso.
En este aspecto, el frente del Glaciar Grey ofrece grandes posibilidades. Sus paredes de más de 25 metros ofrecen una variada combinación de formas, texturas y colores. Es muy interesante captar las texturas de los hielos en descongelación lenta, que toman un aspecto acuoso, o el color azul intenso de las grandes grietas que recorren las paredes del glaciar perfilando las formas de los témpanos que, al desprenderse, alcanzarán la playa del lago Grey.
Del encuentro entre el fotógrafo y la singular y cambiante naturaleza del Paine surgirán sin duda alguna momentos especiales y situaciones de profunda fusión con la naturaleza. Es tarea del fotógrafo plasmar estas sensaciones en diferentes composiciones. El Paine, con sus colores y texturas innumerables, nos regala hora tras hora la posibilidad de hacerlo.